lunes 16 de agosto de 2010

El horror de los espejos


Todo el que haya leído aunque sea superficialmente a Borges, estará al tanto de que su obra está conformada por iterativas obsesiones, que ni siquiera son muchas. Desplegadas: Un tigre que le robó muy a sabiendas a Blake (pero el de este es de fuego y el de Borges amarillo como el oro); un laberinto que puede ser una ciudad o una esfera o un jardín e incluso una línea recta; los sueños omnipresentes de los cuales la literatura es su expresión mas consciente y preferida; la espada y el puñal que ansían causar la muerte por sí mismos y que confieren valentía a las batallas o duelos ya sean antiguos o nuevos, de patricios o plebeyos, de castillo o de arrabal. Y también los espejos, que multiplican la realidad y por ello son aborrecibles. Por todos estos temas, tan heterogéneos y a primera vista caprichosos, es que resultan casi risibles las múltiples declaraciones de Borges acerca de que su obra era completamente autobiográfica. Pasó leyendo la mayor parte de su vida y lo que escribió fue en buena parte literatura fantástica. ¿Cómo pueden ser todo estos temas - recapitulando: tigres, laberintos, sueños, espadas, puñales y espejos- autobiográficos?


Una de las intuiciones mas asombrosas de quien se acerca a ese alegre precipicio que es la obra de Borges, es la posibilidad de entenderla simbólicamente. (No alegóricamente, como haría un escritor de fabulas o un escritor comprometido, especies que Borges se divertía en equiparar y se apresuraba a rechazar; es muy difícil percibir en él algo parecido a una moraleja, algún texto con intenciones de aleccionar o moralizar.) Sin embargo, es el mismo Borges, quien, misteriosamente, veladamente pareciera querernos llevar por esta interpretación simbólica: Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara. Epilogo de El Hacedor J. L. B. Seguir esta pista – y otras, pero con esta basta- implica entrar en las frías aguas del subconsciente y quizás hacer un poco de psicología intuitiva y barata. Habrá que escarbar un poco en la vida personal de un hombre demasiado noble; habrá que hilar hechos de su vida con frases aisladas de su obra. Quizás la única excusa válida sea que para este hombre vida y literatura siempre fueron la misma cosa. En todo caso, enterados de los medios, veamos si hay un fin que los justifique.


El amenazado


Para nadie es un secreto la problemática relación de Borges con las mujeres. Problemática no en el sentido visceral, conflictivo, a lo Dostoievski; sino en su excesivo platonismo, en la distancia insalvable que había entre la adoración que brindaba a las mujeres y lo que ellas en realidad querían de él. Es casi un lugar común la acusación a Borges de ser muy frío, de ser un escritor puramente cerebral, casi matemático, un poeta que no poetiza sobre el amor. A Borges le sorprendía – y le dolía un poco- esta acusación, que consideraba injusta. Se quejaba de que había pasado su vida pensando en mujeres. O mas explícitamente: “Desde que tengo memoria, siempre estuve enamorado de alguna mujer.” En realidad, quien lo lee mejor, se da cuenta que se trata de una verdad redonda y que aquellos prejuicios son infundados: las mujeres y las alusiones sentimentales abundan en toda su obra. Otra cosa es el pudor, que le impide complacer a la “canalla sentimental”, caer en la cursilería. Aunque por ratos la roza, como cuando dice: Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca / aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.(El Hacedor) O en El amenazado, quizás su poema de amor más angustioso, en el que empieza diciendo: Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir. Y cierra: (Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) /El nombre de una mujer me delata. /Me duele una mujer en todo el cuerpo. (El oro de los tigres) Mujeres y Borges enamorados abundan: el amor primerizo de Concepción Guerrero, Estela Cantó (a quien le dedico el Aleph: quizás el mas grande cuento de amor que existe, aunque quizás haya resistencia a admitirlo) Elsa Astete, que fue su novia y muchísimos años después su esposa, Susana Bombal, María Esther Vásquez, los bellísimas dedicatorias de los libros a María Kodama, de un Borges que a los ochenta aún era poeta y aún estaba enamorado.


La palabra prohibida


Para resumir la situación: mujeres hay bastante, lo que no hay es sexo. Esto es algo que siempre ha intrigado –quizás demasiado suspicazmente- a críticos y lectores: la renuencia de Borges a incluir sexo en su obra. Un hombre para el cual la historia, la literatura, el tiempo, el espacio y los millones de seres humanos que existen y existirán eran inseparables, formaban una sola amalgama abrumadora; un hombre que siempre se planteó sopesar el universo y que tenía la firme sospecha -¿temor?- de que podíamos entenderlo... ¿no podía considerar el sexo?


Lo primero que habría que inferir: de ninguna manera se trata de una ausencia casual. “En una adivinanza sobre el ajedrez. ¿Cuál es la única palabra prohibida? Reflexioné un momento, repuse: La palabra ajedrez.” El jardín de los senderos que se bifurcan. 1941. J.L.B. Al amor Borges lo alude directamente, sin rodeos. En una alusión simbólica a el sexo. ¿Cuál sería la única palabra prohibida?Podemos decirle acto generativo, podemos hablar de sus propiedades, de sus consecuencias. Pero no podemos decir sexo.


La cosa horrible


Son contadas ocasiones en que Borges se refiere, de una manera más o menos explicita al sexo. Excepciones que confirman la regla, en las que al parecer, se confiesa, y deja ver que tal como se sospecha no es que le parezca un tema trivial o fútil. Es, mas bien, un tema terrible que prefiere no nombrar directamente. Emma Zunz, archiconocido cuento del Aleph (1949), trata de una venganza, donde su hechor, mediante un intrincado y complejo mecanismo persigue matar a cierto tipo, asegurando su impunidad. Parte del plan exige tener sexo, para simular que ha sido violada. Y entonces Borges nos cuenta que Emma: "Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo." Bioy Casares, el amigo imperturbable de Borges, cenaba tres a cuatro veces por semana con Georgie. Invariablemente iba registrando sus conversaciones en el diario personal que llevó ¡por cuarenta años!.Y nos cuenta ahí: "Para Borges el sexo es sucio. Por mucho tiempo me dejé engañar, porque entendía que lo excluía, en literatura, por un expediente fácil, socorrido y un poco necio. No; esa burla oculta, con alguna vergüenza de que lo tomen por mojigato, un violento rechazo. La obscenidad le parece una culpa atroz: puta no es la mujer que cobra, sino la que se acuesta." (“Borges”, 29 diciembre 1972, p. 1458).


La inmortalidad y sus hijos


“Para uno de esos gnósticos, el visible universo era una ilusión o (más precisamente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables (mirrors and fatherhood are hateful) porque lo multiplican y lo divulgan” Tlon Uqbar Orbis Tertius, JLB, Ficciones, 1944. Si Borges le tiene miedo –horror es la palabra mas adecuada- al sexo, en parte es por su pudor y elegancia, por que lo ve como algo obsceno. Pero también porque lo puede perpetuar. Borges a diferencia de la gran mayoría de los hombres, la idea de cesar, de terminar, de ya no ser, le parece benigna, casi un regalo. Lo que le aterra es la inmortalidad, la posibilidad de la inmortalidad. Alguna vez dijo: "Es común que amenacen siempre de muerte. La verdadera amenaza sería la inmortalidad." Varias veces dijo respecto a su muerte: "Yo tengo la esperanza grandiosa de morir eternamente, de morir en cuerpo y alma…quiero que Jorge Luis Borges sea olvidado. Me aterra la posibilidad de la inmortalidad: todas mis esperanzas están cifradas en la mortalidad definitiva, en desaparecer de una vez y para siempre” Del terror a la inmortalidad, es de donde derivan naturalmente otras fobias. Primero, a la paternidad. Y de la paternidad al sexo. ¿Un hijo no es acaso una ramificación del cuerpo en el espacio, una ramificación de la identidad? Borges no creía en Dios, no le asustaba que después hubiera cielo o infierno, le parecía improbable. Pero sí que le preocupaba no poder morir de cuerpo, dejar una parte de sí. En la nada había cifrado todas sus esperanzas. ¿Por qué condescendió entonces a dejar una obra tan importante y memorable, que a larga es una forma de perdurar? Quizás porque creía que la literatura era un sueño, y prefería contaminar de sueño la realidad, que viceversa. No le importaba ser un soñador, no creía que existiera él como soñador, en todo caso alguien lo estaría soñando. Mientras todo siguiera así, la vida era soportable y la literatura el único territorio posible.


El horror de los espejos


Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato: La cópula y los espejos son abominables. Ambos multiplican la realidad. Ergo, para Borges, los espejos también son el sexo.


Los espejos (fragmento)


Yo que sentí el horror de los espejos no sólo ante el cristal impenetrable… Infinitos los veo, elementales ejecutores de un antiguo pacto, multiplicar el mundo como el acto generativo, insomnes y fatales. Prolonga este vano mundo incierto en su vertiginosa telaraña;


Al espejo (fragmento)


¿Por qué persistes, incesante espejo? Eres el otro yo de que habla el griego y acechas desde siempre…. El hecho de no verte y de saberte te agrega horror, cosa de magia que osas multiplicar la cifra de las cosas que somos y que abarcan nuestra suerte. Cuando esté muerto, copiarás a otro y luego a otro, a otro, a otro, a otro… «La rosa profunda», Obras Completas,Buenos Aires, Emecé, 1989, vol. II, pág. 110. Fanny, la ama de llaves y persona de confianza de Borges por décadas y décadas asegura que el señor de la casa, murió virgen. Así que quizas tambien por eso “El hecho de no verte y de saberte te agrega horror…” Es una interpretación casi arbitraria y pretende ser lúdica. No se quiere decir que donde se lee espejo hay que suplantar y leer sexo. Sería estúpido pretender que ese fuera el único y burdo significado de los espejos.Por definición reflejan cualquier cosa y por lo tanto debieran tener muchísimas interpretaciones. Entre ellas, el concepto de doppelganger que tanto interesaba a Borges. (“El otro Borges”) También el hecho de que un espejo puede revelar nuestro verdadero rostro, con nuestras regiones oscuras, nuestros temores y nuestras miserias inconfesables, un poco como el retrato de Dorian Gray. Y al tratarse de un espejo que refleja, Borges nos insinúa que podría ser que no fuéramos Dorian Gray, sino que fuéramos nosotros el retrato corrupto y envilecido de Dorian Gray. Solo señala que quizás, sus alusiones a los espejos eran una forma de explicar sus fobias a la inmortalidad, a la procreación y al sexo. Hace –quizás- algún sentido. Edwin Williamson - el mejor biógrafo de Borges- desentraña otros símbolos autobiograficos: nos dice que el puñal trapero viene a ser su padre – un mujeriego, calavera, anarquista - y que la espada es la madre- católica, que representa una tradición de glorias militares y terratenientes , lo mejor de la sociedad criolla argentina- . Borges por otra parte fue un aristócrata de clase media ¿? , “un modesto anarquista” y un ateo obsesionado con la idea de infinito. A su modo, puñal y espada. La obra más importante de la literatura en español entendida como un enorme acertijo, como un mapa críptico, ¿no es fascinante acaso? Si le parece así a quien lee esto, le sugiero que intente descifrar que es el laberinto. O el tigre, el poderoso y fatal tigre.

1 comentarios:

manolotel dijo...

Estupendo este ensayo sobre Borges que has desarrollado en los dos últimos post(perdona el tuteo que es más que nada retórico y me ayuda a dar fluidez al comentario. Los andaluces -yo soy de Sevilla- somos de mucho tutear).

He de decir que he sido un incondicional de JLB desde que lo leí por primera vez, hace ya bastantes años y por tanto me resultan familiares casi todos los argumentos que has (perdón de nuevo) manejado en el desarrollo de este estudio.

Precisamente tengo por aquí un archivo con una entrevista -más bien una especie de dialogo- con Borges donde también interviene su editor Carlos Cortinez y otros periodistas, Sobejano, Shaw...) que inciden en esas mismas apreciaciones.

Los fantásticos cuentos de los post anteriores hablan a las claras de ese espíritu borgiano.

Ha sido un placer llegar hasta aquí.

Un cordial saludo.