I offer you explanations of yourself,
theories about yourself,
authentic and surprising news of yourself.
Jorge Luis Borges
Son los setentas. Cientos de jovenes del "interior", muchos buenos estudiantes, aplicados como suele decirse, responsables, trabajadores, etcetera, buscan suerte y éxito en la ciudad, y estudian por lo tanto en la universidad de El Salvador. (Por mucho tiempo me he preguntado si hay que desearle suerte o éxito a los demás . Me refiero a cuando están frente a algún reto, un examen, un viaje, una entrevista de trabajo: la disyuntiva es, si les deseo despreocupadamente suerte temo que la gente piense que no se merece lo que les estoy deseando, que lo estoy dejando completamente a el azar, que no creo que exista una relación causal entre sus actos y el resultado esperado. Que soy un irresponsable y que los considero igual de ineptos e incapaces que mi persona. Y que les deseo, en fin, mi propia despreocupación y resignación ante fuerzas que no comprendo y que mucho menos domino. Pero por otro lado, desear éxito, eso si siempre me ha parecido una estupidez. Prefiero desearles que tengan un hijo, o que se casen jóvenes, o que duerman bien, o que sus hijos sean músicos o bailarines, pero el éxito, cierta extraña lucidez me ha hecho que me sonroje al desearselo a nadie. Pero, que te digo, es lo que la gente quiere, Bueno, te deseo suerte. Y éxito. Bueno, mucha suerte y éxito. Éxito , y mucha suerte en todo. Así que, últimamente, ensayo fórmulas de ese tipo) Lo sé, es patético.
Retomando: uno de los jóvenes que buscaron ¿éxito? ¿suerte?, fue tu madre. Estudió Derecho en la universidad de El Salvador. Ahí conoció a tu padre.
Los dos entramos estudiando economía. Ahí nos conocimos. Hubo una fiesta de bienvenida, en un rancho en la playa. Esa misma noche, inexplicablemente, terminamos sentados, muy cerca uno del otro, en la arena, frente al mar. Digo inexplicablemente por que no recuerdo prácticamente nada (mi mala memoria es legendaria): como me acerqué o te acercaste, que me dijiste, que te dije, si te hice reír, -no puedo precisar si te tomé las manos, creería que sí- no tengo ni idea de como terminó la noche, es decir, de como nos despedimos (Porque lo cierto es que ahí hubo una primera despedida, la primera de todas, la primera de miles de despedidas transitorias, alegres o tristes; perplejas o ensimismadas, todas peleando por ser o no ser la definitiva) . Sólo recuerdo vagamente que estábamos sentados frente al mar. Las olas apenas se veían, solo se ve la espuma y se oye su ruido acompasado, ¿verdad? Eso no se olvida, uno está esperando ese momento desde siempre.
Y que luego me sonreíste en el bus de regreso, yo me había sentado hasta atrás y tu estabas de pie, adelante. Llevabas unas gafas redondas y parecías ir hablando muy animadamente - ¿de mi? quizás, todo es posible- con una niña con la que en lo sucesivo, ya no se llevaron tan bien. Precisando, no se llevaron ni bien ni mal, simplemente ya no se llevaron.
Hija. ¿Donde esta tu pasaporte? Hija, búscalo. ¿Y donde lo pusiste pues? No te estoy gritando, pero respondeme. Pero decime donde está pues. ¿Dónde, no lo veo? Ni lo has buscado fijate. Ya van tres días que te voy diciendo. Como queres que no me enoje si llevo tres días diciéndote. Sí, mas histérica me vas a ver si eso no aparece. Sí, te voy a seguir gritando. Tenes que sacar la visa además, en la embajada mexicana. Mirá que si no lo encontrás hoy, ya no va a salir a tiempo. !Bueno que lo busques te digo!. No me digas que lo han perdido a propósito para que no vayas. Vos lo que queres es quedarte acá. Ya le voy a preguntar a Gonzalo si él lo tiene. Bueno , si no lo encontrás eso es lo que puedo pensar. Le voy a preguntar, se lo voy a pedir. Bueno, si no queres que le pregunte, búscalo y enseñamelo. El colmo, uno trabaja para que nos vayamos todos de vacaciones y vos no queres ir. ¿Que ya conoces Cancún acaso? No seas malcriada, háblale con respeto a tu mamá. Bueno, no será la gran cosa pero ahí vamos, agradecida deberías de estar. Chivo es Cancún. ¿Viene hoy Gonzalo? Que si viene hoy te pregunto.
Hacete mas para acá. Quitemos estos ganchos. Esta ropa. Ponela por allá. Risas. ¿Viste que gané?,ya podemos descansar. Me encanta que me acompañes mientras juego, bien lindo, viste que salté y salté. Risas. Sí, lo estoy viendo, te gusta estar acá por ese cuadro verdad. Vos estás loco. ¿Qué es lo que te gusta de ese cuadro? ¿Por que decís? Es de mi papá, se lo regaló un su amigo. Un chichipate vos, uno de sus amigos. Un loco con el que trabajó en los juzgados, cuando eran fiscales, creo. Buena gente el loquito realmente. Pero en realidad sí son unos grandes pasmados, todos. Sí verdad, (risas), tenes razón, es divertido. Make my day. Risas. Un cuadro de Clint Eastwood, en realidad un afiche -muy grande- en madera de Clint Eastwood. Está loco mi papa. Risas. No, no te lo regalo, a vos no te luce esa locura. Eso pensás. Tranquilo. Quedémonos dormidos ¿sí?. Me gusta cuando nos quedamos dormidos, y me despierto y vos seguís ahí. No puedo explicarlo bien, pero la primera vez que pasó, fue increíble. Sentí como que estaba dormida y despierta al mismo tiempo y era porque tu estabas ahí, dormido, también. Solo eras -solo sós- un tipo durmiendo, un tipo -joven eso sí- durmiendo a la par mía, pero a la vez intuía -sabía- que tenías nombre, tenías edad, tenías historia, tenías padres. Tranquilo, tranquilo, fue buena idea, Gonzalo, fue la mejor idea. Quería estar contigo, esto es como estar casados ¿no crees? Toda una semana. ¿Que te pasa? Sí, que sospechó sospechó, que lo pensó lo pensó, pero eso no cambia nada, te prometo, no pasa nada. ¿Cómo vas a creer? Mi mama te ama. Para mi mama vos sos la persona mas correcta, la mas buena del mundo. Te tiene super en alto. Mi mama, creo que si por ella fuera, se casaría contigo. ¿Yo? Risas. No yo no Gonzalo, yo no, ni loca.
Le tenía que decir, había que tragarse el orgullo y pedirle el favor, igual, la verdad, no es la primera vez. No, no tenía sentido aguantar frío y no venir y dormir dios sabe donde. Qué mujer. Ya no me quiere en su cama, ya no me quiere en su casa, pero me quiere lo suficiente para no dejarme dormir en la calle. Me quiere en el sofá. Está bien. Aunque igual me va a costar dormir, a ver cuanto tiempo me quedo pensando pendejadas. A pensar como siempre, hasta que me duerma. Puta, estoy en un sofá ¿y qué?. No está mal el sofá, yo lo fui a comprar, me acuerdo. A la larga, esta también es mi casa. Sí, decir que es, quizás ya es mucho, pero digamos que lo fue. Y digamos tambien que aporté pues, aporté algo, poco quizás - comparativamente- pero algo. Y he vivido acá ¿Eso no significa nada? ¿Cuanto he cocinado en esa cocinita , por ejemplo? Muchísimo. Y aunque no digan nada y no lo mencionen, es un hecho: sé cocinar. Y bien que les gustaba comer lo que les hacía. Ahora que lo pienso, debería de venir otro día y traer algo - quizás pescado, a Sarita siempre le ha gustado marinado - y cocinarles a todos. Sería lindo, cocinarle a Jaime y a Roberto, y a Sara , y a sus novias y novios. Me encanta que tengan novias y novios. Julia a la par de Jaime, tan alta y lindos los ojos, negros negros charol. Jaime es todo un hombre, un hombre como yo, joder. Y Roberto ya va a conseguir una, es listo, es bueno, solo es de esperar. -Voy a tenerles listas unas cocacolas , no los mando a comprar a ellos porque ahí mismo se me amargan. También les voy a tener té helado, de eso siempre hay ahí en la alacena- Y Sarita, bueno, con ese muchacho. A mi me cae bien Gonzalo. Me inquieta un poco el cabrón con ese porte que no sé si es arrogante o ahuevado. Por ratos me acuerda a aquel compañero mío que después se hizo guerrinche, con el que íbamos a el cine. Buena gente, bien educado, deferente. Porque en teoría, si es que de verdad era tan revolucionario, me hubiera tenido que ver de menos a mí y a mis amigos, a los amigos de aquellos tiempos, todos, sin excepción, pequeños burgueses elevados a la mierda. Pero no, conmigo nunca fue así, ni por cerca. Era raro, era serio y loco al mismo tiempo. Le gustaba leer bastante, esa era su pila. Le gustaban especialmente Hemingway y Graham Greene o por lo menos ellos, de lo que yo conociera. Yo tenía esas novelas y el no, así que se las prestaba. Yo también las leía, aunque ya no recuerdo casi que nada. Nada, la verdad. Puta, me había agarrado de leer en ese tiempo, ya no recuerdo ni porque, me había agarrado de comprar un vergo de libros. Creo que me tenía por un intelectual, solo por eso. Pero siempre me respetó y me gustaba eso, nos hicimos amigos, creo. Fuimos a el cine varias veces, a ver westerns espaguetis ¡Como disfrutaba el cabrón! Daba gusto verlo como salía del cine. Como transfigurado, tan feliz, que yo también me sentía un poquito mas contento, y le pedía que me explicara porque le había gustado tanto. Y cuando lo hacía, -se daba a entender el cabrón, escogía bien las palabras , me ponía hasta ejemplos- a mí me gustaba un poquito más la película y no me sentía nada mal por eso. Y yo lo invitaba, no siempre, a veces, no por que fuera despilfarrador como me imagino pensaba la mayoría, ni tampoco -analizándolo fríamente- por que me cayera especialmente bien, lo invitaba simplemente por que no tenía con que pagar. Se fue, de un día para el otro, se fue a la montaña y supongo que se murió allá. O quizás yo estoy dándolo por muerto y está vivo el cabrón. Más que vivo quizás y está viviendo en una casa grande, y está durmiendo - ¿o cogiendo, por qué no?- con su mujer, en una cama a diferencia mía, y por ende, con sus hijos igual que yo y sabiendo claramente, igual que yo, que en un punto de toda esta oscuridad que lo rodea , duermen sus hijos y que sus corazones laten, laten. Puta, laten, ¿no es suficiente? No, resulta que no es suficiente porque se van a levantar y se van a estudiar ¿con sueño, con frío? y se van a meter en el tráfico que es una mierda y les va a dar el viento y van a tomar café o cocacola y se van a enamorar eventualmente y tienen o tendrán que ponerse serios para conseguir un empleo y subirse en sus carros para ir a tantas partes y tienen o tendrán que tomar alcohol y hacer amigos, reír y enojarse con ellos y contraer deudas y pagarlas y almorzar un buen día con su papá que a estas alturas ya está viejo y que duerme en un sofá y no saber si abrazarlo o putearlo. Puta, ya me dio curiosidad, donde estará ese tipo con el que veía esas películas de vaqueros y que me las explicaba -¿que había que explicar a todo esto? en un cafetín que ahora que lo pienso también parecía de película. No sé por que me acuerdo ahora que fumaba cigarrillos sin marca, una cajetilla como cualquier otra pero completamente en blanco.¿De donde putas los habrá sacado? Me he quedado dormido un mini segundo, ya me está dando sueño, por fin. Quiero levantarme temprano, que cuando salgan ya no me vean acá. ¿Que estaba pensando..? ahh si, en lo que me dijo. Una vez me dijo algo que nunca se me olvidó. Hasta recuerdo donde me lo dijo, fue afuera de mi casa, era de día, veníamos comiendo unos hot dogs: Vos ayudas a la revolución, aunque no te des cuenta. Eso, solo eso, sin mas explicaciones, sin agregar nada mas, sin que le preguntara yo tampoco. Raro, porque soy curioso. Lo cierto es que nunca entendí como se suponía que yo ayudaba a la revolución, ¿prestándole libros de Graham Greene, esas novelitas de espionaje? ¿invitándolo a él al cine? No, según creo o quise entender se refería a algo más. ¿A qué? No sé, pero siempre me ha gustado pensar que ayudé -o que sigo ayudando en todo caso- a la revolución aunque no me diera cuenta, aunque nunca me haya enterado de si en realidad llegó o aunque no haya llegado, porque no llegó, ¿o si llegó? ¿Hubo revolución?
Si hubo, aunque dijeron que no les había salido tal cual ellos querían pero que no importaba porque las cosas iban sucediendo por fases, yo estaba leyendo eso en el periódico y a mi viejo amigo cinéfilo lo habían nombrado ministro de cultura y me invitaba a el cine y yo me dejaba invitar, contento. Sí, le decía que sí, y le preguntaba que que película veríamos y me decía que las mismas, que con la revolución las películas eran casi exactamente iguales a las que veíamos antes, solo que ahora ganaban los indios, pero que eso también tendría que cambiar porque el ideal es que nadie gane, que queden en un empate técnico, apenas con ventaja, pero jamás con ganadores claros. Y me dijo, que eso apenas lo resolverían cuando estuvieran listas las balas de juguete o de fantasía como el prefería llamarlas, más aún faltaba perfeccionarlas, limarles los desperfectos, porque todavía se vuelven por ratos peligrosamente reales. No entendí y él me dijo: Tú siempre has entendido mucho de muchas cosas, mucho de cine también. Pero hay algo que nunca quise decirte, no estabas preparado para saberlo en aquellos tiempos. En todas las películas anteriores, en los tiroteos, en los duelos, incluso en las películas de guerra ¿puedes creerlo?, se usaban balas de verdad, eso era lo terrible del cine de aquellos tiempos. ¿Comprendes? Te hacían creer que el engaño consistía en que no era verdad. El engaño consistía en que no era mentira. ¿Me doy a entender? Tampoco tú eras verdad. Y yo, bueno, yo era verdad solo en parte. ¿Recuerdas mis cigarrillos sin marca?. Ahí está la clave de todo.
Y yo asentía y supongo que entendía la solución de un misterio cuya revelación decepciona a todos y nadie habla más del asunto porque es casi que de mal gusto y también su explicación me entristecía un poco y también al mismo tiempo me sentía feliz por el nuevo cine y la nueva forma de hacer cine y le decía que pasara por mí luego, que lo iba a esperar fuera de mi casa vieja - a todo esto estábamos hablando por teléfono- que ahora no podía atenderlo como se merecía el señor ministro, porque entonces estábamos, -estamos- comiendo todos, y todos ellos están ahí y ya están casados, incluido Robertito y estamos en otra casa, una casa que no es mía pero eso no importa para nada estoy más que bienvenido, se ríen de mis chistes, se ríen mucho y hasta me da un poco de pena, y es evidente que me quieren y me dicen que cocino muy bien -porque yo he cocinado todo, sopa, plato principal, ensalada, postre- y yo les creo, así que les explico, "no hijos, no es que no les crea, pero quiero confirmar" y entonces pruebo el pescado marinado y sonrío desde bien adentro, porque en realidad está muy bien, está muy pero muy bien.
1 comentarios:
Prefiero desearles que tengan un hijo, o que se casen jóvenes, o que duerman bien, o que sus hijos sean músicos o bailarines.
Gracias Diego.
Publicar un comentario en la entrada