El problema decía más o menos así:
Me fui y todos prácticamente se alegraron (no puede ser).En serio, fue como que un día antes de irme, fui a Los Próceres, ahí caminando con Martica. (Sí, la veo, en medio de los monolitos, o sentada a la par de una estatua, con ese su no hacer nada tan activo) Le hablé a Ramiro y no me contestó. Llovió. (como en aquel concierto. Te llueve siempre en los conciertos de rock, a el rock and roll latinoamericano le cae un permanente chaparrón. Gente que fuma y grita mientras se moja). Fue como, no sé si triste, pero sí raro, una es como que espera más ¿no?. Total que aquí estoy. ¿Sabes adonde fui hoy? (a las Guyanas) !A las Guyanas! Queda tan cerca, y es como que ni te piden pasaporte ni nada, solo entras. (me imagino, es perfectamente comprensible). Ya empecé a dar clases, mis alumnos son tan graciosos. (todo te hace reír, ¿porque no lo harían unos estudiantes universitarios de provincia? Gente blindada a las habilidades matemáticas, habilidades tan ajenas a el espíritu de la provincia, casi tanto como al mío). ¿No se va a casar con un matemático? ¿Con quien? Debe ser un sujeto excepcional. ¿Un matemático? ¿Está saliendo con un matemático? (Francisco el matemático)Bueno, no soy tan malo, no crea, fui mejorando, tenía una novia que me explicaba. Perdía la paciencia, realmente estaba blindado. Ahora, por ratos, siento que incluso tengo una habilidad especial. ¿Probar? ¿Quiere que pruebe? Pero algo fácil, un caso de factoreo. ¿Tampoco? ¿Demasiado fácil? Bueno, envíemelo, de repente y le doy una sorpresa.
Gonzalo dice: ¿cómo era el problema?
Sara dice: Un guardabosque está en una torre y ve dos incendios
Sara dice: uno con un ángulo de 70 grados y otro a un ángulo de 60 grados
Sara dice: ¿cuál es la distancia entre la torre y el incendio que llamaremos "uno"?
Sara dice: ¿cuál es la distancia entre la torre y el incendio "dos"?
Sara dice: y encuentre la línea de visión del guardabosques
Sara dice: obviamente son datos inventados
Gonzalo dice: claro, porque ese es el punto, todos los problemas son inventados, usted podría, por ejemplo, ponerles nombres a los incendios
Sara dice: tienen nombres, ¿no viste las comillas?, lo que pasa es que no te gustan
Gonzalo dice: ¿qué entiende por línea de visión?,
Sara dice: es como un caminito punteado, que debería unir los dos incendios en ángulo recto,
Gonzalo dice: ¿por qué en un ángulo recto, de donde se desprende eso?
Sara dice: porque no es la Torre de pisa, por eso. Resumiendo, el problema te daba los dos ángulos y la hipotenusa, te preguntaba la distancia de cada incendio a la torre y la distancia entre los incendios. Creo que también te daba el alto de la torre.
Gonzalo dice: ¿que era de cuánto?
Sara dice: puede ser lo que sea, ese es el punto de todo, es inventado, vos lo dijiste.
Gonzalo dice: bueno, en todo caso es lo suficientemente alto para ver los incendios.
No le gustaba ser guardabosques, especialmente acá, estos bosques tropicales nunca encienden en invierno. Es un trabajo innecesario. Se había documentado y no había habido ningún fuego en temporada de invierno desde 1900. (Año en que muere Nietzsche). (Pero eso fue en Turín, no en Costa Rica) Los bosques tropicales no deberían quemarse, son verdes todo el tiempo. Y sin embargo se queman, pensó y el vulgar parafraseo lo hizo sentirse estúpido. Siguió leyendo el informe, siempre lee o estudia en la noche. Esta noche decidió estudiar. No como los demás guardabosques que juegan solitario o se masturban (lo que viene a ser lo mismo, pero no es igual).
Levanta la cabeza, no quiere ver números, no quiere hacer números. No sabía que este informe tendría tantos, de haberlo sabido no se hubiese puesto a leerlo: a él le gustan las letras. Con esta lectura no puede concentrarse, pero necesita hacerlo para desconcentrarse de la noche y de la oscuridad y de la monotonía de la selva. Y del silbido de la serpiente reptando afuera de su cabaña, plegándose sigilosa a la madera. Y de los ruidos del jaguar comiéndose al venado. Y del zumbido beligerante de mosquitos prehistóricos. Y de las interminables orgías del mono.
Mejor vuelve a la lectura, juicioso:
Mejor vuelve a la lectura, juicioso:
No, y aunque lo intrigan, nunca le han gustado demasiado los números. Por lo visto no importa con que estén relacionados, porque claramente si le gustan los bosques. E incluso, tangencialmente, la biodiversidad y el turismo. Pero un coeficiente de determinación, eso es demasiado. Debió haber traído a Balzac. O a Stendhal. Los ha leído, en las madrugadas de vigilancia forestal, a ellos y a Dostoievski y a Víctor Hugo. Los libros se hacen de papel, el papel viene de los árboles. En esa cabaña, gracias a él, se ha revivido todo un siglo diecinueve de incendios forestales.
Dado que los datos sobre incendios forestales provienen exclusivamente de las diferentes AC, se puede estimar la pérdida económica en términos de biodiversidad por hectárea, que significó el área dañada por fuego durante el período seco del 2003.
Es aburrido. Y es raro, porque las matemáticas son misteriosas, eso sin lugar a dudas. Son tan misteriosas como las letras, sus combinaciones tan azarosas como las de las palabras, sus símbolos igual o más sugerentes que los literarios. Muchos se propusieron hacer cosas interesantes con las letras, en vez de códigos, manuales y etiquetas de shampoo. Le llamaron a ello literatura y en realidad no se diferenció gran cosa de las cajas de cereales, a veces ni siquiera resultó mas entretenida. Algunos, más ambiciosos, quisieron incidir en el mundo tal como lo hacian los códigos y los manuales, pero siempre haciendo literatura. Escribieron profecías. Luego las profecías mutaron (algunas incluso, se cumplieron) y comenzaron a escribir ciencia ficción. Fue complicado transformar algunas profecías reales en ciencia ficción. Las aderezaron y buscaron darle solidez con términos tales como plusvalía o superestructuras y con economía de la pesada. Por ejemplo, una novela muy humana con este argumento: en un mundo sin Dios las máquinas dominan a el hombre y el obrero, que es quien está siendo más duramente explotado, se rebela y crea otro mundo sin Dios, pero esta vez, feliz. El Capital, el best seller de un autor alemán.
¿Y los números? Quién sabe, quizás quizás, llegará un momento en que alguien haga literatura solo con ellos, y que las letras sean las palabras. Y esa sería verdadera literatura, sorteando los problemas más grandes,(los que antes ni siquiera eran considerados problemas, o a el estilo de Pessoa, que el único problema es que pueda existir algo como la palabra problema), que irremediablemente se deslice por la pendiente de las preguntas mas abismales: en las que el simple hecho de plantearlas viene a ser la única respuesta. Pero faltan cientos de años para que eso suceda, para entonces posiblemente ya no estarán ni los bosques, ni él, ni la cabaña. Y cuánta falta que le hace. Aunque esto sucediera, él no lo entendería.
Lo cierto es que no se pregunta cual está más cerca, ni el camino que lo llevará del primero al segundo y del segundo de vuelta a la cabaña. Solo los ve, tan rojos y fulgurantes como diamantes, o como carbones encendidos, lo que es lo mismo, pero no es igual. Casi dan ganas de estar ahí, de quemarse. Casi dan ganas de ponerles nombres. Pero tiene que apagarlos, o quizás debe dejar que se apaguen solos.
¿Por qué no, despues de todo? !Que acaben con lo que tengan que acabar, incluyéndose ellos mismos!
Son tan soberbios y la cabaña está tan lejos.
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