lunes 29 de junio de 2009

hologramas

«El simulacro no es lo que oculta la verdad.

Es la verdad la que oculta que no hay verdad.

El simulacro es verdadero»

Jean Baudrillard

No solía escribir. Menos artículos, menos deseando ser publicado. Tenía muchas otras preocupaciones, además estaba feliz, tenía un trabajo apasionante, lo hacía bien. Existían proyectos sentimentales. Estaba joven, con eso se dice todo. Y entonces un día, le comparto -no sé porqué, esa tonta vanidad de escritor en ciernes- a mi jefe un articulito: unas columnitas medio famélicas, unas ideas trilladas. Ni a mí me había gustado del todo. Se lo mostré porque lo subvaloraba y suponía que igual le parecería genial. Y así fue, efectivamente. Al día siguiente me contaba que tenía un amigo en un semanario, que se lo había mostrado -un semanario mediocre tirando a malo, de izquierda radical- y que lo querían publicar. No me sentí del todo cómodo con la noticia, pero me sentí a la vez importante. Casi no me molestó que lo hubiese llevado sin mi permiso y el hecho de que no me pagaran. Era muy generoso en esos tiempos, estaba muy joven, ya lo dije. Era la época en que me sentía perfectamente capaz de encajar en cualquier campo que me propusiera, podía ser periodista, filósofo, economista, abogado, bueno, ya llegando a esos extremos, ¿por qué no escritor?
Luego, como si fuera lo más normal del mundo, como si tuviera un trato de años con ellos, me pidieron publicar otro, este ya pagado. Y otro. Recuerdo claramente el día en que fue publicado ese primer artículo, fue ¿pueden creerlo? el día en que murió Michael Jackson.

(¿Alguien se ríe? Michael Jackson como el primer hombre en la modernidad que resucitará. Se cierra el círculo y la humanidad se desenmascara plenamente como la más macabra, tragicómica y fantasiosa puesta en escena jamás pensada, mucho menos vivida. También: El mundo es absurdo y está hecho a la imagen y semejanza de su creador, un benevolente dios Absurdo. Un Dios que permite que nosotros captemos la ironía. También: Un Dios generoso en cuanto a la ironía. La ironía, la capacidad de contrastar la realidad con el ideal , el sentido del humor corrosivo: los desechos de la gracia de Dios. Cuando Dios muere ya solo queda el sentido del humor, el dulce olor de su cuerpo que se descompone. Sólo ahora, una vida larga, aburrida y sin sentido puede dar risa. Seinfeld. Larry David, tomen nota, existe realmente. Michael Jackson existió realmente -en cuanto a esto no es permitido ser agnóstico-. El rey del pop, una caricatura de Elvis. Elvis, como una caricatura de sí mismo. El rock, una caricatura mas bien grotesca, pero divertida, una caricatura de Elvis, de la nada. El pop: pedofilia, adicción a las drogas, un juguete sexual, muy vistoso y maleable, una caricatura fálica.)

Me gustaba publicar en esa revista, por mediocre que fuera. No le veía - o, hablando con la verdad, no le quería ver- nada de malo. Sin darme cuenta, me estaba alejando cada vez más de otras oportunidades vitales.

(Un Dios no se ríe de una persona chocando su auto, empujándolo cuando se queda sin gasolina, muy apurado por llegar a la cita mas intrascendente del devenir humano y divino. ¿Es un bromista pesado, de esos gordos que incomodan a todo el mundo? ¿Dios no se ríe? Si resulta que es así, entonces no se está igualando a nosotros en lo que realmente importa. ¿Qué importa llegar al cielo, si después de todo, estos años y días no fueron más que una pasadita cómoda, las peripecias de un aventurero cómico estilo personaje de Chaplin o Cantinflas? Un día con el diablo. ¿Se reirá Dios de un terremoto? ¿Hay escalas en su sentido del humor, hay grados (richter) que no se permite alcanzar, por respeto a sus propias diminutas creaciones? ¿Qué es lo que hace reír a Dios? Si todo lo que sucede entraña un significado profundísimo e inabarcable, todo, hasta el zumbido de una mosca... ¿no tendría que estar Dios permanentemente serio? ¿Cómo se desestresa de su inagotable y abismal trascendencia, si hasta la comida del pájaro es fundamental para él, si nos está contando las palabras, tasando los talentos, leyendo los pensamientos y comparando porcentualmente las limosnas?)

Pasó, pasó el tiempo, siempre pasa. Le agarré gusto a esta profesión extrañamente laboriosa, a esa ociosidad planificada y metódica, a esa creatividad lenta y a esa creación parsimoniosa. Dejé mi trabajo y me quedé con la colaboración en el periódico. La fui ampliando, y me volqué con la misma energía inconstante de mi juventud a lo que ahora era mío. Ahí me veían, llegando a la redacción, temprano, cuando el calor aún no te obliga a llevar colgada de los brazos la chaqueta. Era un trabajo fácil, y lo fácil no siempre aburre, a veces se hace vicio. Como todas las cancioncitas pop. Claro, tenía sus complicaciones, sus limitantes artísticas y sus inconvenientes ¿éticos? ¿morales?, no sé francamente como llamarlos. Así que ahí me tenías, no contra mi voluntad ni con mi voluntad maniatada, sino que con mi voluntad facilona y juguetona escribiendo lo que me pedían, casi sin que me lo tuvieran que decir. Escribiendo denodadamente a favor o entusiastamente a favor, o por ratos desganadamente a favor de sátrapas circenses, sátrapas ataviados con sus particulares vintage clothes de izquierda. Y denostando a los demás acróbatas y bailarines con vintage clothes de "derecha".
Y bueno, la situación era esta: ya solo me quedaban las letras, aún me sobraba tiempo, aún rondaban por ahí algunas ideas- con el riesgo inminente de esfumarse para siempre,- en definitiva, había que actuar. Decidí ser escritor a tiempo completo, ponerme a mí mismo la etiqueta. Escribir alguna novela.

(¿Qué hace reír a Dios? ¿Los escritores? ¿Los malos escritores? ¿Cómo logra diferenciarlos? Chesterton, a decir de Kafka, era capaz de hacer reír a Dios. Lo dudo. Quizás para Dios, nada más gracioso que Michael Jackson. Una tranquilidad turbia, obtenida de esta idea. Un mundo, una historia, una humanidad sin sentido. Un Dios que tampoco lo tiene, que tampoco lo busca ni busca conferirlo. Creíamos que la vida sin Dios ya no tenía sentido. No lo tiene y existe. La apuesta de Pascal es, posiblemente, demasiado racional para un Dios que se deja crucificar por su patética creación. La apuesta de Pascal, un chiste sobre Dios, que solamente a él le parece gracioso, cuyo verdadero sentido solo él puede captar.)

¿Qué puedo decir? Lo que escribo no es lo mejor de Latinoamérica, sin duda. Pero escribo y se me publica y aunque a muy pocos les entusiasma sinceramente lo que voy publicando, - a unos pocos mentecatos cuya admiración me genera pena ajena- nunca me han faltado- ni me faltarán- buenas ediciones, atildadas y puntuales presentaciones oficiales y escuetas giras promocionales con promotores estatales. Y cátedras de buenas universidades nacionales, privadas. E invitaciones de unas cuantas universidades extranjeras, esto, todo hay que reconocerlo, con menos frecuencia. Y asistencia a simposios y una que otra entrevista. Soy un escritor, ni muy famoso, ni muy desconocido, me doy por satisfecho. Ciertamente nadie, -ni yo claramente, ni siquiera en mi momento de mayor desfachatez- cree que haya escrito algo verdaderamente notable. O transgresor. O verdadera literatura, para hablar con las cabales. Ya no se está para esas vueltas. Y me pone triste pero bueno, ¿no es del todo mi culpa, o sí? Si mi jefe de aquellos tiempos no me hubiese hecho aquel favor. Si me hubiese dado cuenta entonces que era una broma. Una broma laboral dentro de una broma literaria, enmarcada por una broma editorial. ¿Quizás o no?, una matrioska un poco histérica. No, no es del todo mi culpa. Y hoy, justamente el día de hoy escribo esto, porque en todos los periódicos , en todas las estaciones de radio, en todos los televisores, solo se habla de una cosa: Michael Jackson vuelve a los escenarios. Increíble, claro. Y yo sé que suena increíble, pero no por eso tiene que ser falso, ¿no creen? además ¿qué les digo? ya nos hemos acostumbrado a todo. Veo las imágenes en mi sofá, cubierto con dos mantas (estoy aterido de frío, quisiera que el calentamiento global fuera menos inconsecuente), y son imágenes grotescas pero (a el frío y a la tristeza los divide un abismo, un abismo simultaneámente oscuro y gélido) son también sin duda, predecibles. La gente lo rodea, hay desmayos, hay suicidios. Hay ataques de histeria colectivos, hay ataques a escala planetaria, todo está siendo minuciosamente documentado. Ahí está, contra todo pronóstico; sus seguidores a una prudente distancia, gritan como energúmenos. (Un planeta que tras un par de intentos más o menos serios, renunció sin remordimientos a su obsesión de ser habitado por seres racionales.) Oigo gritos destemplados y estúpidos, es mi vecina de al lado. Los apartamentos son cada vez mas pequeños, hay menos espacio, parece que es inevitable. No entiendo bien por qué, si cada vez hay menos personas. Oigo gritos afuera, suenan -si esto es posible-, eufóricos pero no alegres. Me acerco a la ventana. Es una pandilla de drogadictos, reconozco a algunos. Merodean continuamente el barrio, mendigan sin violencia. A veces, a media noche, bastante borrachos y tenazmente abrazados, gritan consignas punk. Revientan botellas. Naturalmente no me molestan, los considero enternecedores. Ahora mismo, intentan infructuosamente hacer el moonwalk.

Demasiada vida real, solo el verlos me hela aún mas por dentro, siento que se congelan mis pulmones. Vuelvo a la tele: más de lo mismo, los medios insisten, insisten: está vivo, baila.
Pero entonces algo va asomando en mi cabeza, un gusano se retuerce en mi cerebro, me incomoda. (Mi cerebro se despereza metódicamente). Me asalta una idea peregrina, una intuición boba (casi deseo ahuyentarla):
¿No será solamente un holograma?

¿Qué hace reír a Dios?
Un pobre hombre tratando de escudriñarlo, haciendo pequeña, diminuta magia con letras. Proyectando con una máquina de escribir, fantasmas bailarines.


2 comentarios:

Sofí Garzón dijo...

Diego, el estilo es interesante, sin embargo, el objeto, si lo hay, ¿es solo el de mantenerse en el absurdo? ¿es solo recordar el conformismo? o quizà, una queja-respuesta entre los hombres que te habitan. Reitero me gusta el estilo, pero me cuesta mantener una sola idea cursora durante la lectura.

Diego Z dijo...

Sofi, gracias por leerlo.
Sí, quizás hay un objeto, o varios. El arte como caricatura de la vida, (nunca mas cierto que ahora, en que la vida ES una caricatura)
Mundo real, mundo virtual, mundo aparente.
Quizás.

Espero que esté muy bien!